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  • Reajuste de expectativas

    Las expectativas son parte importante del crecimiento de la persona, formando parte de nuestras relaciones cotidianas e influyendo en nuestro diario funcionar. Se comienzan a construir desde la niñez y nos acompañan a lo largo de nuestro desarrollo. Estas pueden estar dirigidas hacia uno mismo, respondiendo a aquello que esperamos alcanzar, o hacia los demás —personas, instituciones, países, etc.—, al esperar algo de un otro, ya sea una conducta, algo material o un resultado cuantificable.

    Esperamos crecer como personas, alcanzar determinados objetivos, desarrollar al máximo nuestras capacidades, que nuestro desempeño sea reconocido de alguna forma y construir una trayectoria que tenga sentido para nosotros. Sin embargo, cuando la realidad no coincide con aquello que imaginábamos, se hace presente la frustración y la sensación de fracaso.

    Pero, ¿qué ocurre cuando el problema no está necesariamente en nuestras capacidades, sino en que seguimos evaluándonos a partir de expectativas que ya no responden a nuestra realidad actual?

    Ahí es cuando el reajuste cobra importancia.

    Reajustar no significa conformarse

    En el contexto laboral, reajustar expectativas no significa abandonar nuestras metas ni disminuir nuestras aspiraciones. Significa detenernos a observar si aquello que estamos persiguiendo sigue siendo coherente con nuestras necesidades, nuestro momento vital y las condiciones reales en las que estamos trabajando.

    A veces necesitamos cambiar el objetivo, otras veces modificar el plazo y, en ocasiones, cambiar la manera de llegar a él. Ahora bien, lo crucial está en analizar si la expectativa que tenemos sobre nosotros mismos está construida a partir de quienes somos actualmente o de una versión anterior. Puede ocurrir que nos estemos comparando con otras personas o con nuestro propio desempeño pasado sin considerar que las condiciones que enfrentamos hoy son diferentes.

    Entonces, nos seguimos exigiendo desde capacidades, ritmos o niveles de desempeño que anteriormente éramos capaces de sostener pero que hoy, debido a distintos factores, ya no podemos mantener de la misma manera. Dar nuestro cien por ciento no siempre significa rendir de igual forma en todo momento; a veces significa reconocer cuánto podemos entregar en las circunstancias actuales.

    Cuando las expectativas se transforman en presión

    Este fenómeno se presenta en los distintos sistemas en los cuales participamos y puede ser comprendido desde múltiples teorías. Desde un enfoque organizacional esto se podría manifestar de la siguiente manera:

    1. Expectativas poco realistas sobre la productividad, disponibilidad, crecimiento profesional o capacidad de adaptación pueden generar una presión sostenida sobre las personas.
    2. Estándares internos difíciles de sostener, cuando los colaboradores sienten que siempre deberían estar avanzando, aprendiendo más, produciendo más o alcanzando el siguiente nivel.

    El problema no radica necesariamente en tener expectativas altas. El desafío aparece cuando estas dejan de funcionar como una orientación y comienzan a convertirse en una medida permanente de nuestro valor, llevándonos a evaluar nuestro desempeño en función de un estándar que quizás ya no responde a nuestras condiciones actuales.

    ¿Qué podemos hacer?

    Reajustar expectativas requiere una pausa y la posibilidad de revisar aquello que estamos persiguiendo.

    Podemos preguntarnos:

    • ¿Esta meta sigue siendo importante para mí?
    • ¿Es realista considerando mi situación actual?
    • ¿Estoy comparando mi proceso con el de otras personas?
    • ¿Estoy evaluando mi desempeño únicamente desde aquello que falta?
    • ¿Qué necesito modificar para avanzar de una manera sostenible?

    Estas preguntas no buscan reducir la ambición, sino hacer que nuestras expectativas sean más conscientes, flexibles y sostenibles, sin perder de vista los principios que orientan nuestras decisiones.

    Una responsabilidad compartida

    El bienestar laboral no depende exclusivamente de la capacidad individual para gestionar las emociones o adaptarse a las dificultades. Las organizaciones también tienen un papel importante en la construcción de expectativas saludables; objetivos claros, comunicación efectiva, liderazgos que acompañan y culturas que permitan reconocer tanto los logros como los límites que deben respetarse, contribuyen a generar espacios de trabajo más sostenibles.

    Una organización saludable no es aquella en la que las personas nunca se frustran o enfrentan dificultades. Es aquella que permite transformar esta frustración y dificultades en oportunidades.

    Que se da el tiempo para revisar, conversar y reajustar cuando las circunstancias cambian.

    Reajustar también es avanzar

    Somos seres en constante movimiento y construcción. Como mencionó Heráclito de Éfeso:

    “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

    Las circunstancias, las prioridades y nosotros también cambiamos. Por eso, reajustar nuestras expectativas no necesariamente significa alejarnos de aquello que queremos. Aquello que queremos puede seguir estando muy bien definido. A veces, significa ser capaces de detenernos, evaluar el contexto y preguntarnos si el camino elegido sigue siendo coherente con quienes somos y con las posibilidades actuales.

    A veces, mantener el norte requiere aceptar que el camino necesita cambiar.

    Reajustar no necesariamente es retroceder. En ocasiones, es precisamente la manera de encontrar una forma más realista, saludable y significativa de llegar a aquello que queremos.

  • El problema: la zona de oportunidades

    ¿Cómo podemos desarrollar habilidades relacionales teniendo como base los problemas?

    Introducción

    La mayoría sabe solucionar los problemas, de una manera u otra. Vamos desarrollando esta capacidad en la medida en que experimentamos situaciones y enfrentamos desafíos. Sin embargo, esto no garantiza que podamos resolver en conjunto con otros, sin llegar al conflicto. Tenemos una tendencia, sobre todo, en la relación de pareja a entrar en la zona de conflicto cuando intentamos solucionar un problema.

    Comenzamos a competir, llegando a ese espacio en el cual alguien debe tener la razón. De esa manera vamos directo al conflicto.

    Comprendiendo la zona de problema.

    La zona de problema nada tiene que ver con la zona de conflicto. Todo lo contrario, es una zona de problema nos otorga la posibilidad de co-construir junto a otro una solución, de manera colaborativa y creativa. Nos otorga la posibilidad de enriquecernos y nutrir el espacio de convivencia, permite el diálogo, permite conocernos de manera mutua, como también exponer nuestro potencial de desarrollo. Nos otorga la posibilidad de crecer como individuos y como equipo.

    Muchas veces evitamos el problema porque de una manera u otra comenzamos a navegar hacia el conflicto. Hacia la zona de ataque, nos hacemos daño y gradualmente nos olvidamos del problema para dar espacio al dolor y al malestar. Esto sucede, principalmente porque no sabemos convivir de manera colaborativa, comprendiendo que las ideas de otros son tan válidas y valiosas como las nuestras. No sabemos vivir sanamente con las diferencias.

    ¿Cómo construir y convivir sanamente con los problemas?

    Entendiendo que el problema requiere ser evaluado y abordado de la manera más objetiva posible. Requiere del desarrollo de un proceso racional en el cual identificamos el problema, se define un objetivo, para luego construir un camino de manera colaborativa, considerando el aporte de todos. De esa manera nos validamos de manera mutua, potenciando el sentido de pertenencia de cada integrante en el sistema. Esto no sólo nos fortalece como pareja, sino también fortalece y genera sensación de equipo. A nivel individual potencia la autoestima.

    Tips para construir soluciones como equipo:

    Comprender que todos somos distintos y podemos ver la situación desde distintas perspectivas y matices. Todas las miradas tienen el mismo valor.

    La única manera de conocer las diferencias es a través de un diálogo respetuoso en el cual todos puedan sentir tranquilidad y seguridad al exponer su punto de vista y que éste sea considerado al momento de analizar el problema.

    Construir una solución en base a los aportes de todos.

    Organizarse como equipo para ejecutar la solución, evaluar el resultado y gratificarse. Éste último paso puede ser algo tan simple y bello como agradecernos. El agradecimiento mutuo siempre dejará el alma plena.

  • Autocuidado desde una perspectiva sistémica

    Cuidarnos no es un gesto aislado ni un acto individualista. El verdadero autocuidado se entiende como una práctica que integra nuestra vida personal con los vínculos que sostenemos y con el entorno que habitamos.

    • Vínculos que sostienen: Nuestra salud emocional y mental se fortalece en la calidad de las relaciones que cultivamos. El respeto, el diálogo y los acuerdos son pilares que nos permiten construir lazos sanos y resilientes.
    • Entorno que nutre: Relacionarnos de manera consciente con nuestro contexto —familia, comunidad, trabajo, naturaleza— es también una forma de cuidado. El bienestar se expande cuando generamos ambientes seguros y colaborativos.
    • Hábitos que organizan la vida: El autocuidado se expresa en acciones concretas: hábitos saludables, capacidad de organización, expectativas realistas y prácticas de autocontrol que nos ayudan a sostener la vida cotidiana con equilibrio.
    • Movimiento circular de bienestar: Al cuidarnos, generamos energía para cuidar de otros; y al recibir cuidado, reforzamos nuestra capacidad de crecer. Así, el autocuidado se convierte en un proceso dinámico que fluye hacia dentro y hacia fuera, sosteniendo tanto a la persona como al sistema en el que está inmersa.

    En esta mirada sistémica, el autocuidado es más que una responsabilidad personal: es un compromiso con la vida compartida, con los vínculos que nos sostienen y con el entorno que nos da sentido.

    En SienteVital encontrarás profesionales comprometidos con tu bienestar integral, que te ayudan a conectar, a construir y reconstruir tus relaciones significativas de manera sana y saber mantenerlas en el tiempo.

  • La familia: el espacio que nutre

    La familia es el contexto vital donde se desarrolla la humanidad. Es un espacio que nos debe brindar amor, límites y aprendizajes que nos permita un desarrollo íntegro y consciente. Reconocer su importancia es también un llamado a cuidarla, fortalecerla y hacer de ella un entorno que inspire confianza, libertad basada en respeto, cariño y responsabilidades.

    El afecto familiar es la primera experiencia de pertenencia. Nos enseña que somos valiosos y que nuestra existencia importa. Ese amor se convierte en la base de la confianza en uno mismo y en los demás.

    Construir familia requiere de una serie de habilidades que debemos aprender y desarrollar, no son innatas. Debemos educarnos y prepararnos para que la experiencia de construir familia sea un camino grato, pleno y motivador para cada uno de los integrantes que la conforman.

    En SienteVital fortalecemos la función y valor de la familia.

    La amabilidad está conformada por códigos sociales, siendo ésta la suma de actos que tienen como base la empatía. Son actos simples que nos conectan y nos permiten fortalecer la humanidad y el bienestar. Cuidar la relación con otras personas es una manifestación de como deseamos también ser tratados.

    En la familia tenemos la oportunidad de formarnos con las habilidades sociales fundamentales para conectarnos de manera respetuosa con el entorno. Es el primer escenario social al cual llegamos al nacer. Aprender a dialogar, colaborar, resolver de manera respetuosa, son algunas de las habilidades fundamentales que nos permitirán abrir y construir de buena manera la conexión con quienes nos rodean. Son habilidades que se deben enseñar con paciencia, perseverancia y tiempo. No son innatas.

    El afecto es uno de los recursos fundamentales que sostiene a la humanidad. Cada ser humano se siente amado de una manera distinta, lo cual implica aprender a conocernos y construir en conjunto las dinámicas coherentes para cuidarnos de una manera que nos haga sentido. Sin embargo, hay códigos o actos sociales de base que nos hacen bien y nos conectan, darnos tiempo, mirarnos a los ojos con cariño al momento de dialogar, saludarnos de manera respetuosa, escucharnos haciendo el ejercicio de comprender desde una perspectiva que no necesariamente responde a nuestro criterio.

    El sentido de pertenencia es fundamental para, el equilibrio emocional, se construye y fortalece con acciones concretas de socialización. Cada ser humano, para sentirse parte de un espacio social se debe formar con códigos coherentes a la cultura en la cual habita. Debemos procurar que esos códigos sean congruentes con un sentido de cuidado, de respeto, de cariño por la humanidad y por sobre todo de las personas cercanas que nos rodean.

  • Síndrome metabólico vinculado a un envejecimiento más rápido del cerebro

    Las personas con síndrome metabólico tienden a tener cerebros que parecen más viejos que su edad real, según un nuevo estudio publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association. Los hallazgos ofrecen nuevas pistas sobre procesos biológicos que podrían vincular la salud metabólica con el cerebro.

    El síndrome metabólico se define como la presencia de al menos tres de cinco condiciones: exceso de grasa corporal alrededor de la cintura, presión arterial alta, niveles elevados de azúcar en la sangre, triglicéridos altos y bajos niveles del colesterol “bueno” HDL. Estudios previos han relacionado el síndrome con un mayor riesgo de problemas cognitivos y demencia, aunque los mecanismos subyacentes no estaban claros.

    El estudio actual se basa en imágenes cerebrales y muestras de sangre de más de 27.000 adultos del UK Biobank, con edades entre 40 y 70 años. Los datos detallados de resonancia magnética (RM) del cerebro fueron analizados mediante aprendizaje automático para estimar la “edad cerebral” de cada persona, que luego se comparó con su edad cronológica. Los resultados mostraron que los participantes con síndrome metabólico tenían cerebros que parecían significativamente más viejos de lo que su edad cronológica sugería.

    La diferencia aumentaba con el número de componentes del síndrome metabólico. Los participantes con tres componentes tenían cerebros que parecían aproximadamente un año más viejos que su edad real. Esto subía a 1,7 años en quienes tenían cuatro componentes y a 2,3 años en quienes presentaban los cinco. Cada componente individual, como la hipertensión o el azúcar elevado en sangre, también se asoció con un cerebro que parecía más envejecido.

    Pistas biológicas en la sangre

    Para explorar posibles explicaciones biológicas, los investigadores analizaron también muestras de sangre de un subgrupo amplio de participantes. Encontraron que ciertos apolipoproteínas, ácidos grasos y marcadores de inflamación explicaban parcialmente la relación entre el síndrome metabólico y el envejecimiento cerebral. Cada uno de estos factores representaba entre un 3 y un 16 % de la conexión.

    Abigail Dove, investigadora posdoctoral en el Aging Research Center del Instituto Karolinska, quien lideró el estudio, señaló: “Estos hallazgos nos ayudan a comprender cómo la salud metabólica puede influir en el cerebro”. Y añadió: “Los resultados apuntan a procesos biológicos como la inflamación y la alteración del metabolismo de las grasas, que podrían ser importantes para mantener la salud cerebral a medida que envejecemos”.

    Los investigadores enfatizan que el estudio no demuestra que el síndrome metabólico cause directamente un envejecimiento acelerado del cerebro. Sin embargo, los resultados iluminan posibles mecanismos que vinculan la salud metabólica con la función cerebral. Además, destacan al síndrome metabólico y sus componentes individuales como posibles objetivos de intervenciones destinadas a apoyar un envejecimiento cerebral saludable en etapas posteriores de la vida.

    “Metabolic syndrome is associated with accelerated brain aging”, Abigail Dove, Jiao Wang, Rongrong Yang, Sakura Sakakibara, Zoe Arvanitakis, Andrea LC Schneider, Rebecca F Gottesman, Weili Xu, Alzheimer’s & Dementia, online 14 juli 2026, doi: 10.1002/alz.71563

  • La comunicación y el daño en las relaciones

    ¿Has puesto atención a cómo se siente tu cuerpo cuando alguien te insulta o cuando alguien te dice algo hermoso? ¿Tu cuerpo se siente distinto en estas dos situaciones?

    Introducción

    Así es. Hay diferencias importantes. La información que recibimos nos afecta. Siempre. De una manera u otra, a través de la comunicación vamos construyendo daño.

    La comunicación es un recurso que proporciona la posibilidad de interrelacionar los sistemas. Es un espacio de intercambio de códigos desde los cuales los sistemas se organizan. En un espacio en el cual todos somos distintos, el ser humano debió elaborar códigos comunes para entendernos y organizarnos. Es un maravilloso recurso. Cada sociedad o cultura tiene sus códigos.

    Emitir sonidos es una capacidad innata de los sistemas vivos. Desde ésta nace la posibilidad de comunicarnos verbalmente. En algún momento de nuestra historia cada pueblo comienza a elaborar códigos hasta llegar a consolidar un idioma. Un maravilloso recurso que nos permite la comprensión. En un mundo en el cual nadie es igual a otro, el idioma nos otorga la posibilidad de conocernos, comprendernos y organizarnos.

    El problema.

    Son muchas las ocasiones en las que al intentar darle un nombre y encontrar el origen de nuestros conflictos los asociamos a la mala o escasa comunicación. Sí. Hay algo muy cierto en esto. No sabemos comunicarnos. No sabemos ocupar bien nuestros códigos y esto tiene que ver, principalmente, con que no hemos aprendido a comunicarnos. Nadie nos enseña, vamos aprendiendo sobre la marcha, a través de ensayo y error.

    No tiene que ver con ser o no capaces, o con un coeficiente de inteligencia, tiene que ver con algo simple y complejo a la vez. Como sociedad, no damos importancia a la comunicación y pensamos que por el hecho de saber hablar vamos a saber comunicar. Hablar es una capacidad individual en la cual sumergen una serie de factores neurofisiológicos, psicológicos, mecánicos, entre otros. La comunicación es una habilidad social que se desarrolla, se aprende en contexto y en relación con otros. Es la construcción de un espacio común.

    El objetivo principal de la comunicación es comprendernos. El idioma nos otorga millones de palabras para lograr comprendernos con la mayor precisión posible y así disminuir el riesgo de malinterpretarnos. En un mundo en el que nadie es igual a otro, si no hacemos el trabajo de comprendernos, existe un alto riesgo de malinterpretar. Es ahí cuando entramos, muchas veces, a la zona de conflicto.

    La interpretación es un recurso que debemos aprender a utilizar para lograr consistencia y coherencia en la comunicación. La interpretación en sí no es comunicación sino uno de los tantos elementos que utilizamos. La interpretación es un recurso que sólo nos aproxima a la comprensión acerca de nuestro interlocutor, sin embargo, ésta responde a un reflejo de nuestro propio criterio y no de quien emite el mensaje. La interpretación es sólo un reflejo de nosotros mismos, por lo tanto, por sí sola no genera comunicación.

    Podemos pasar años pensando que conocemos a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres, sin embargo, lo que conocemos es sólo la interpretación de lo que observamos y escuchamos.

    Si a la interpretación sumamos que no aprendemos a vivir de manera sana con las diferencias sino, a confrontarnos cada vez que se manifiestan, entonces vamos creando, gradualmente, una sociedad de desconfianza, en estado de alerta. En la cual los individuos siempre deben estar con sus sentidos en alerta para protegerse. Es así como se vive, incluso, en los contextos que debieran ser los más armoniosos, la familia, la pareja. Esto no ocurre porque tener malas intenciones, porque las relaciones significativas se basan en las mejores intenciones, sino porque no hemos aprendido a co-construir. La comunicación es la co-construcción de un espacio común. Un espacio en el que al ser todos distintos, vamos a sentir, opinar, reaccionar distinto frente a las mismas situaciones.

    Los motivos del problema.

    Generar un cambio se inicia con la convicción de querer lograr una mejor manera de vivir y amarnos. Somos capaces de aprender y ejecutar las conductas necesarias para generar cambios importantes. ¿Qué nos falta para hacerlo? Aprender técnicas, ejercitar, ser perseverantes y dejar de estar en alerta. Las relaciones significativas debieran ser espacios de cuidado mutuo, de bienestar consciente, de aprendizaje constante, un espacio racional y afectivo bien organizado en el cual se consideren las necesidades de cada integrante, un espacio en el cual no se ejerza el dominio de ninguna de las partes, sino la apertura hacia la colaboración, nutriendo el espacio relacional de las diferencias.

    Tips para lograr una buena comunicación.

    • Al hablar de relaciones de pareja, comprender que en este espacio ninguna de las partes debiera cumplir un rol formativo. Se trata de dos individuos ya formados que de manera voluntaria deciden estar juntos. Son dos individuos muy distintos entre sí, sin embargo, en igualdad de condiciones para construir la relación de pareja.
    • No establecer y tener expectativas sobre las personas. La expectativa es la representación de un mundo imaginario desde el cual se van generando presiones hacia nuestra pareja. Es una manera violenta de convivir ya que no se acepta la realidad y la manera de ser del otro.
    • Aceptar las diferencias como un recurso que nutre la relación de pareja.
    • Aprender a dialogar para llegar a acuerdos.
    • Aprender a construir acuerdos.

    ¿Has notado como tus emociones cambian según las palabras que recibes o emites, ya sea un insulto que hiere o una palabra de afecto que reconforta?

  • ¿Cómo mejorar la ansiedad?

    ¿Sabías que la ansiedad no es un trastorno?

    La ansiedad es un estado psicológico y neurofisiológico que en el último tiempo se ha hecho más presente en las consultas psicológicas y psiquiátricas. Las personas llegan indicando que se encuentran en un estado de nerviosismo del cual no logran salir fácilmente. Indican además que en algunas ocasiones llegan a crisis de pánico, viviendo momentos de mucha angustia e incluso desesperanza de sanar.

    Sin embargo, la ansiedad es una reacción normal frente a ciertas situaciones. Por otra parte, tener rasgos ansiosos responde además a un perfil psicológico en el cual la persona tiene una mayor tendencia y capacidad para proyectar con mayor facilidad el futuro. Puede ser una condición que sumada a otras características personales puede activar y movilizar la ejecución de ideas, proyectos y soluciones. Es decir, la ansiedad puede ser una fortaleza que te lleva con convicción a concretar algo que deseas o necesitas realizar.

    ¿Cómo nos afecta la ansiedad?

    El problema no radica en la ansiedad sino en el contenido que inyectas en esta condición. Si vives en un entorno con permanentes manifestaciones de violencia física, psicológica y verbal, ya sea de manera directa o a través de los medios de comunicación, al momento de proyectar desde tu ansiedad, el resultado será una condición de permanente temor producto de tu percepción del riesgo.

    Entonces, si no trabajamos en mejorar los entornos, las condiciones de vida, la manera en que convivimos, nos tratamos, controlar la ansiedad será una bomba de tiempo.

    ¿Cómo vivir sanamente con la ansiedad?

    SienteVital propone un nuevo enfoque. Aprende a vivir sanamente y convierte tu ansiedad en una fortaleza. Proyecta un futuro en bienestar y comienza a dar forma a tu calidad de vida. No estás enfermo sólo debes aprender a utilizar tus recursos y comenzar a sentirte vital.

    Consejos prácticos para vivir en plenitud tu ansiedad:

    Determina cada mañana vivir mínimo 15 momentos de bienestar en el día. Estos pueden ser simples, producir un rico desayuno y disfrutarlo, escuchar la música que te gusta camino al trabajo, sentir y disfrutar la tela de tu ropa, tener un diálogo cariñoso con tus hijos, tu pareja, tus padres, entre otros. Encuentra lo que te hace sentido y prodúcelo. Estos momentos no vendrán por arte de magia.

    Delimita el contenido de tus redes sociales y el tiempo que le dedicas. Tu cuerpo necesita oxigenarse. La actividad física es vital para tu salud física y mental.

    El mundo virtual es uno y el mundo real es otro. Si no estás feliz con tu realidad, la puedes mejorar.

    Una buena salud no depende de una mayor cantidad de recursos sino de la calidad de las relaciones. Produce relaciones sanas, aprende a vivir de manera sana con las diferencias.

  • Navidad, estrés y relación de pareja

    Tu relación de pareja es un gran desafío. Implica que pongas en práctica una serie de habilidades relacionales que permitan la integración de opiniones, ideas, maneras de hacer y ser de ambos. Aún, cuando ambos tienen las mejores intenciones, es común que no logren avanzar de manera armoniosa en la relación. Sobre todo, cuando se trata de actividades estresantes como la navidad.

    Hay estudios que confirman que en estas fechas aumenta el nivel de estrés en la población producto de la situación económica, los compromisos sociales, el cansancio, la saturación de mensajes publicitarios, etc.

    El estrés se activa de una manera muy distinta entre una persona y otra. Cada persona tiene su umbral de tolerancia. Los diversos estímulos, la cantidad, intensidad, entre otras condicionantes nos ponen a prueba día a día. La relación de pareja siendo un espacio tan significativo para nuestras vidas, puede ser también uno de los espacios de mayor estrés.

    Al estar expuestos a una sobre exigencia y desgaste, es decir distrés se ve afectada la manera en que reaccionamos, nos comunicamos, decidimos y nos organizamos. Cuando estamos en esta condición, sostener una buena relación de pareja es un gran y difícil desafío. La confrontación y el conflicto es sólo cuestión de tiempo. Si a esto sumamos que no siempre contamos con las herramientas adecuadas para resolver el conflicto, éste se va acumulando.

    Tú y tu pareja necesitan pensar detenidamente que conviven con hijos, familiares, amigos y que hay herramientas para mejorar la comunicación, para eliminar el conflicto, para ponerse de acuerdo, para generar armonía, etc. Recuerda siempre que hay conductas mejores que otras y por lo tanto hay navidades mejores que otras. La Navidad, como nuestra vida en general requiere de espacios de armonía, de equilibrio, de buen trato, diálogos respetuosos, de tiempo para desarrollar buenas relaciones.

    En SienteVital hay valiosos ejemplos de cómo encontrar el camino que buscas. Son miles de horas de atención que avalan nuestra experiencia y efectividad del trabajo terapéutico. Nos hemos dedicado a ayudar a miles de personas que han encontrado la forma de salir del estancamiento, mejorar las relaciones, mejorar la comunicación, convivencia y lograr la tan anhelada armonía y calidad de vida.

    Consejos:

    Regala tiempo y momentos de bienestar.

    Construye diálogos. Aprende a conocer a tu pareja y a tus hijos. Pensamos que lo sabemos todo, que nos conocemos. La verdad es que sólo conocemos nuestra interpretación de los que nuestros seres queridos son.

    Cocina en familia. No importa si el menú es simple o complejo, hazlo en familia.

    Trabajen en equipo, ordenen y limpien la casa juntos, reconoce el valor de cada aporte, verbaliza la importancia que éste tiene para el resultado final de la familia.

    Respeta las diferencias. No hay nadie igual a otro. Conocernos y respetarnos implica identificar y reconocer nuestras diferencias, no para criticarlas sino para darles un valor.

    Construyamos hábitos de convivencia que nos permitan vivir en plenitud.

    No somos adivinos. Verbaliza de manera respetuosa tus necesidades y recibe de la misma manera las necesidades de quienes amas.

    En esta Navidad regala buenos momentos, muestras de cariño, de comprensión, de conexión, de colaboración. Construye junto a tus seres queridos espacios respetuosos de diálogo. Tu salud mental y la de tu familia te lo agradecerá.