La familia: el espacio que nutre

La familia es el contexto vital donde se desarrolla la humanidad. Es un espacio que nos debe brindar amor, límites y aprendizajes que nos permita un desarrollo íntegro y consciente. Reconocer su importancia es también un llamado a cuidarla, fortalecerla y hacer de ella un entorno que inspire confianza, libertad basada en respeto, cariño y responsabilidades.

El afecto familiar es la primera experiencia de pertenencia. Nos enseña que somos valiosos y que nuestra existencia importa. Ese amor se convierte en la base de la confianza en uno mismo y en los demás.

Construir familia requiere de una serie de habilidades que debemos aprender y desarrollar, no son innatas. Debemos educarnos y prepararnos para que la experiencia de construir familia sea un camino grato, pleno y motivador para cada uno de los integrantes que la conforman.

En SienteVital fortalecemos la función y valor de la familia.

La amabilidad está conformada por códigos sociales, siendo ésta la suma de actos que tienen como base la empatía. Son actos simples que nos conectan y nos permiten fortalecer la humanidad y el bienestar. Cuidar la relación con otras personas es una manifestación de como deseamos también ser tratados.

En la familia tenemos la oportunidad de formarnos con las habilidades sociales fundamentales para conectarnos de manera respetuosa con el entorno. Es el primer escenario social al cual llegamos al nacer. Aprender a dialogar, colaborar, resolver de manera respetuosa, son algunas de las habilidades fundamentales que nos permitirán abrir y construir de buena manera la conexión con quienes nos rodean. Son habilidades que se deben enseñar con paciencia, perseverancia y tiempo. No son innatas.

El afecto es uno de los recursos fundamentales que sostiene a la humanidad. Cada ser humano se siente amado de una manera distinta, lo cual implica aprender a conocernos y construir en conjunto las dinámicas coherentes para cuidarnos de una manera que nos haga sentido. Sin embargo, hay códigos o actos sociales de base que nos hacen bien y nos conectan, darnos tiempo, mirarnos a los ojos con cariño al momento de dialogar, saludarnos de manera respetuosa, escucharnos haciendo el ejercicio de comprender desde una perspectiva que no necesariamente responde a nuestro criterio.

El sentido de pertenencia es fundamental para, el equilibrio emocional, se construye y fortalece con acciones concretas de socialización. Cada ser humano, para sentirse parte de un espacio social se debe formar con códigos coherentes a la cultura en la cual habita. Debemos procurar que esos códigos sean congruentes con un sentido de cuidado, de respeto, de cariño por la humanidad y por sobre todo de las personas cercanas que nos rodean.