Nuestro método
Un enfoque sistémico aplicado a lo que te pasa todos los días, en tu casa, en tu trabajo y con la gente que quieres.
Nadie funciona en el vacío
Lo que sientes hoy tiene que ver con cómo dormiste esta semana y con la conversación que quedó a medias anoche. El enfoque sistémico mira todo eso junto, porque cada parte de tu vida está apoyada en las otras.
Cuando alguien llega con una molestia, esa molestia suele estar mostrando algo de cómo está organizada su vida. La tomamos como una señal y desde ahí buscamos qué está pidiendo moverse.
En las relaciones ocurre algo parecido. Un problema puede ser un espacio para construir algo junto a otro, y con frecuencia termina convertido en una pelea por quién tiene la razón. Parte del trabajo consiste en devolver esa conversación al lugar donde sí se puede resolver.
Podemos pasar años creyendo que conocemos a nuestra pareja o a nuestros hijos, cuando lo que conocemos es nuestra interpretación de lo que vemos y escuchamos. Conversar de verdad empieza cuando esa interpretación se pone sobre la mesa y se revisa con el otro.
Tu salud mental, tu cuerpo y tus relaciones se mueven juntos
Es una frase que suena obvia y que en la práctica cambia bastante las cosas.
Una semana de mal dormir te deja con menos tolerancia, y esa tolerancia más corta se nota en cómo le hablas a tu pareja. Un conflicto que lleva meses sin resolverse aparece en tu digestión y en tus ganas de moverte. Cuando el cuerpo se ordena, las conversaciones difíciles se vuelven más manejables.
Por eso, cuando trabajamos sobre uno de estos tres lugares, siempre estamos mirando qué está pasando en los otros dos.
Qué pasa en una sesión
Las primeras sesiones son para mirar tu situación con calma. Tu profesional te va a preguntar por tu día a día, por las personas con las que lo compartes y por lo que ya intentaste. Es una conversación ordenada, con preguntas concretas y con tiempo para responderlas.
Con esa información tu profesional te comparte cómo está leyendo lo que ocurre y te propone un plan de trabajo. Ahí queda claro en qué van a trabajar y de qué manera.
Desde ese momento las sesiones se ocupan de cosas específicas de tu semana. Practicas algo, vuelves, lo revisan y ajustan lo que haga falta. El ritmo lo van definiendo entre los dos.
Un equipo que se habla entre sí
Un proceso puede empezar en psicoterapia y necesitar más adelante una evaluación médica, o partir por la consulta nutricional y abrir un tema de pareja. Como el equipo comparte enfoque y se reúne a conversar sus casos, esos cambios ocurren dentro de la misma casa.
Cuando te presentamos a otro profesional del equipo, llegas con tu historia ya conocida por quien te recibe.